
Subir al tren en miniatura y pasear en poni.
El parque del Castell de l’Oreneta es un gran espacio forestal que constituye un lugar de conexión de Barcelona con la sierra de Collserola. 17 hectáreas al pie de Sant Pere Màrtir que son el resultado de la suma de dos fincas rurales, y donde lo que queda de un castillo, el de la Oreneta, da su nombre al parque.
Cuando se va al parque del Castell de l'Oreneta merece la pena planificar una salida festiva de día entero. Se trata de una excursión en un bosque dentro de la ciudad, donde la intervención municipal ha mejorado la red de caminos, ha diseñado zonas de descanso y áreas para el juego infantil, la mayor con mesas de ping-pong.
Otro aspecto destacado son las zonas de picnic, especialmente la que hay en la parte más alta del parque. Las mesas disfrutan de la sombra de un gran algarrobo, y se puede contemplar una excepcional vista panorámica de Barcelona, desde Sant Adrià de Besòs hasta el Prat de Llobregat. Hay un bar donde hacen pollos al ast, entre otras comidas. Al lado del parque hay las piscinas públicas de Can Caralleu, ideales para completar un día de verano.
El tren y los ponis
Dos de los principales atractivos de este parque son viajar montados en los vagones de un tren en miniatura y, los más pequeños, pasear en poni. El del Castell de l'Oreneta es uno de los mejores ferrocarriles reducidos a escala y tripulados de Europa.
Inaugurado en el año 1981, a lo largo de un recorrido de 636 m con tres anchos de vía entre 5 y 10 pulgadas, el tren atraviesa tres túneles, dos puentes y un viaducto metálico. También dispone de una estación y un apeadero. Cuenta con 12 locomotoras, entre eléctricas, de vapor y diésel, y 12 vagones.
Los domingos, los visitantes del parque pueden viajar en este tren desde las once de la mañana hasta las dos de la tarde. Todo ello es posible gracias a los socios del Centro de Estudios-Modelismo Vapor Barcelona y Sabadell.
El parque del Castell de l'Oreneta conserva casi intacta su vegetación primigenia de tipo mediterráneo, con especies muy características de la cordillera de Barcelona. La vegetación es, de hecho, su principal atractivo, que configura un espacio sorprendente en la ciudad.
Hay pinos blancos y pinos piñoneros, encinas y robles, rodeados de un sotobosque muy rico en arbustos, como la retama, el boj, el durillo, el madroño y el lentisco. De estas dos últimas especies, hay ejemplares centenarios. También abundan las plantas aromáticas, como el tomillo, el laurel y el espliego. La presencia de naranjos, nísperos, almendros, olivos y algún granado nos recuerdan el pasado agrícola de buena parte de este lugar.
Con los años, en el parque del Castell de l'Oreneta se ha plantado nuevas especies, como son el eucalipto, el ciprés, el cedro y el almez, que han contribuido a la frondosidad que lo caracteriza.
Árboles catalogados
En este parque destacan dos árboles que, por su excepcionalidad, han entrado a formar parte del Catálogo de árboles de interés local de Barcelona: un enorme eucalipto que encontraremos, con la ciudad a sus pies, en una de las curvas del camino que lleva el nombre de esta especie arbórea, y un cerezo de Santa Lucía cerca de las cuadras de los ponis.
En las cotas más altas del actual parque, en el año 1910 se construyó un castillo que fue destruido durante la Guerra Civil española, y del que aún quedan una torre, una escalera y algunas paredes.
Diseminados entre el bosque hay una fuente ornamental fechada en 1863, y una antigua era, un lavadero y sistemas de riego medio enterrados que nos recuerdan el pasado agrícola del lugar.
El parque del Castell de l'Oreneta está situado en los terrenos ocupados antiguamente por dos fincas: la masía de Can Bonavia, de la familia del conde Milà, y la del Castell de l'Oreneta, de la familia Tous, que construyó el castillo que da nombre al parque.
Durante muchos años, los terrenos fueron propiedad de la Cruz Roja, que quería construir en ellos un hospital, un proyecto que finalmente no se llevó a cabo. Es por este motivo que el espacio se mantuvo cerrado y aislado de la ciudad, hasta que fue adquirido por el Ayuntamiento de Barcelona, que lo abrió al público como parque en el año 1978.